Debería estar muy contento.
De hecho, debería tumbarme en la cama y dormir plácidamente porque mañana me espera un día largo, intenso y muy interesante, y lo suyo es que, dadas mis vivencias anteriores, me encontrase relajado y tranquilo.
Pero observemos que he dicho "debería". Porque no es así. Porque tengo un nudo en el estómago. Porque los nervios empiezan a dominarme y extrañamente se convierten en una suerte de pánico, de miedo escénico. No obstante sé que mañana todo irá bien. ¿Qué digo bien? Muy bien. Porque estoy preparado y no voy a encontrar nada que yo no haya estado buscando, y que no conozca ya. Y por eso la sensación de ahogo, de desasosiego y de angustia que siento en estos precisos instantes, no deberían estar ahí.
Pero me miro en el espejo y no veo esa chispa que me falta en los ojos. Mi ilusión se transformó en desgana.
Creo estar haciendo lo correcto y sólo espero que el tiempo me dé la razón.