Los jueves por la mañana ponen mercadito en el pueblo en el que estoy trabajando actualmente. Y al pasar frente al típico puesto de churros, porras y buñuelos de viento, no me pude contener y decidí compar 4 porras para hacer de ellas mi almuerzo. Con mis porras en la mano, comencé a recorrer los puestecillos mirando aquí y allí, de una lado a otro, hasta que sin darme cuenta me había alejado del consabido bullicio del mercado. Deambulé un par de calles hacia arriba hasta que decidí darme la vuelta y buscar un sitio en el que tomarme un café, cuando de pronto a mis espaldas oí un "¡Qué aproveche!", que indudablemente se dirigía a mí.
Pero claro, cuando no estás en tu habitat natural, no es frecuente que nadie se dirija a tí sólo porque vas comiendo algo por la calle. Y casi me atraganto con la porcion de porra que me hallaba masticando.
Tragué aquélla como pude y me giré para averiguar quién era mi locuaz interlocutor, y descubrí que era un chavalín, cliente del banco, con el que días atrás viví un curioso episodio de frenesí en la cola de las cajas.
Contesté cortesmente con un escueto "Gracias", me volví y continué caminando sin darle mayor importancia. Mas ¡ay de mis suerte!, que mi interlocutor entabló un monólogo conmigo. Claro que él creía que era un diálogo, pero no está de más recordar que para que en ciertas circunstancias exista diálogo debe haber dos partes que conversen la una con la otra recíprocamente. Así, concluiremos que esta mañana había un monólogo.
Algo aturdido de ver que se había puesto a mi lado y hablaba y hablaba sin parar de cosas que, sin duda, evocaban en mí ignorancia e indiferencia (vamos, que ni las sé ni me importan), busqué la forma de poner pies en polvorosa. Y la mejor forma de hacerlo fue, paradójicamente, detenerme frente al escaparate de una agencia inmobiliaria y decir "Bueno, hasta luego, eh, que yo me quedo aquí". Y tras comprobar que él seguía su camino hablando esta vez consigo mismo, acabé de comerme mis porras, frías ya, mirando como un gilipollas las propiedades que la agencia anuncia, como si realmente me interesase en la compra de alguna.
Y no es que sea misántropo ni nada de eso. Al contrario. Lo que ocurre es que soy selectivo cuando se trata de gastar (o malgastar) mi saliva... :)