Dicen que cuando sueñas con la muerte de una persona, en relidad le has alargado la vida. Entonces debes hablar con ella y contárselo.
Esta mañana desperté con el corazón acelerado, un nudo en la garganta y con un pálpito terrible. Había tenido un sueño -pesadilla, más bien-, en que veía cómo mi padre era atropellado y moría.
Cierto que fue el fruto de una ensoñación, pero desde luego yo lo sentí como algo demasiado real. Y no era capaz de discernir si había ocurrido realmente o no.
Desperté y busqué desesperadamente la luz. La encendí y repasé mentalmente los últimos recuerdos almacenados conscientemente en mi memoria. Tal era la sensación que sentía que por un instante estuve convencido de que realmente había muerto.
Pero cuando logré serenarme y analicé las imágenes de mi sueño me dí cuenta de un par de incongruencias que lo delataron como tal. Y respiré tranquilo.
Sí. Un sueño. Pero demasiado real. Cuando lo vea esta noche lo primero que haré será contárselo.