Una de las fases por las que toda mudanza tiene necesariamente que atravesar es el empaquetado de libros y compact discs. Y esta tarde yo la he pasado empaquetando mis CD's y preparándolos para su viaje hasta su nuevo hogar. Para ello he elegido unas cuantas cajas viejas de zapatos, que me han hecho recordar a mi abuelo.
Mi abuelo, que en paz descanse, guardaba sus cassettes de flamenco, cante jondo y cosas así en un par de archivadores de cuero, y varias cajas de zapatos. Y al ver mis CD's dentro y recordar sus cintas de música se me ha encogido un poquito el corazón. Por un lado, porque se me ha llenado la memoria de recuerdos de mi infancia, de tardes de verano interminables jugando en la terraza de su casa con mi hermano, de paseos a media mañana, de sus historias de cuando la guerra, que acababan siempre bien a pesar de todo... Por otro lado, he sentido tristeza porque cada vez veo más cerca el día en que dejaré la casa de mis padres.
Cuando comencé a salir con mi novia, recuerdo que mi madre me dijo "Estas navidades no las pasas en casa". Bueno, sí las pasé. Y en abril hará 4 años de esto. Pero lo que hasta ahora era casi una especie de quimera, en apenas 15 días será una realidad. Y siento ansias por comenzar mi vida junto a la persona que más quiero, pero también pena porque me distancio -físicamente al menos- de quienes me han dado la vida.
Supongo que es normal que sentimientos tan encontrados confluyan porque creo que el paso que voy a dar es uno de los más importantes en la vida de una persona. El polluelo abandona el nido. Y no tiene miedo a volar, pero sí respeto al tránsito: de una vida basada en la dependencia a una etapa basada en la autosuficiencia.
Es curioso como recuerdos y reflexiones florecen en el interior de una caja de zapatos.