El guerrero sabe que esta batalla va a ser decisiva en la guerra. Y por ello busca la concentración necesaria para afrontar la lucha con garantías. El tiempo perdido o mal gastado no debe hacerle perder los nervios. Porque sabe que la calma tensa que respira durante estos días inciertos es presagio seguro de la tempestad que ha de desatarse con furia en los próximos.
El guerrero es consciente de que está en forma, esta vez sí, para la lucha, e intentará mantener la sangre fría durante el próximo mes y medio en que dure la contienda.
El guerrero sabe hoy más que nunca que su historia la escribe sólo él.