Hace un año y dos días, Salvador de la Vega cerraba su bitácora, una de las que, lo confieso, era lector asíduo. Si bien es cierto que no solía compartir sus ideas, más bien al contrario, como le hice saber personalmente la primera vez que comenté una anotación suya -si mal no recuerdo fue algo sobre los cinco elementos que caracterizan el concepto penal de delito-, admiraba el hecho de que se dedicase a escribir su parte de la verdad día a día. El problema de fondo pareció ser un "paulatino enrarecimiento de las discusiones" que se sucedian en los comentarios a sus anotaciones. Y era tal cual lo expresó. Pero también es verdad que Salvador daba mucha caña en sus anotaciones. Y claro, cuando la gente se pica, pues se pica. Si hasta yo, con un blog bastante más "light" de lo que fue el suyo, he tenido mis más y mis menos en algunas anotaciones con ciertos comentarios, pues imagínense ustedes el de De la Vega.
Y así, de pronto, cerró la bitácora. Y sus asíduos -pero los que no armábamos gresca- nos quedamos sin poder leerle y con ganas de ello.
Siempre me he preguntado si realmente desapareció. Porque no me cabe del todo en la cabeza que de la noche a la mañana uno pase de ser uno de los autores más leídos a no publicar ni una sola palabra. El mono tuvo que ser muy fuerte.
Puede que esté equivocado, pero desde ese día yo tuve la convicción de que en realidad abrió otra bitácora y siguió escribiendo, sin hacer tanto ruido como hacía -o haciendo el mismo, pero sin que muchos supiésemos qué fue de él.
¿Alguien sabe si estoy en lo cierto? ¿Está Usted todavía en la Blogosfera, Sr. De La Vega? ¡¡¡Manifiéstese!!!