
No es posible escapar de un virus (ya sea un catarro, unas anginas, la varicela, o una gripe común de las de toda la vida) cuando vives en 45 m2.
Y eso es exactamente lo que ha pasado. 45 m2 y un día de fiesta de por medio. Muchas horas juntos, y al final, he contagiado a mi media naranja. La pobrecita está hoy como estuve yo el martes: con la cabeza pa pocos ruídos y , parafraseando a Mecano, con ganas de cama, pero otra variedad.
Es que no es fácil escapar ni esconderse en 45 (benditos) metros cuadrados.