Se llamará Leonor y ya ha nacido con la tremenda responsabilidad de ser, un día, Reina de España.
A Gaspar Llamazares, como buen republicano, no le interesa lo más mínimo que España consolide con el nacimiento de esta criaturita su Monarquía. Sin embargo, a él, como a muchos otros republicanos anónimos, la dicha de los demás se le antoja desdicha.
Pues bien, muy a su pesar, la niña ya es Infanta del Reino, será Princesa de Asturias, y con el tiempo y una reforma de la Carta Magna, será Reina de España.
Esta Reforma de la Constitución, si bien no es urgente, sí es necesaria. El origen reciente de la prelación sucesoria con preferencia en el varón sobre la mujer debemos buscarla no en las Partidas de Alfonso X como sugería algún periodista del corazón metido ocasionalmente a jurista, sino en la promulgación de la Ley Sálica por las Cortes de Castilla en 1713. Corrigiendo a este periodista, diremos que la situación de las Partidas era precisamente inversa a la Ley Sálica.
Los padres constituyentes tuvieron la oportunidad de enmendar tal discriminación histórica en el texto de la ponencia, puesto que reinstauraban un régimen monárquico que ahora, a diferencia de los anteriores, estaba llamado a ser democrático y sustentado en el Principio de Igualdad y No Discriminación. Y lo de la no discriminación sí lo hicieron -hete ahí el artículo 14 CE . Pero resulta paradójico y sorprendente que en el propio texto donde se proclamaba a los cuatro vientos la Igualdad, la Primera Familia del Reino resultase agraviada con una discriminación arcaica y obsoleta por razón de sexo contraria a la norma enunciada artículos antes en el mismo. De hecho, si hubiese sido enmendada, Felipe nunca reinaría.
Y ahora con el nacimiento de la pequeña Leonor, políticos de tres al cuarto y periodistas centran la atención en este asunto, como si fuese algo extremadamente urgente que reclame la atención nacional y que deba ser resuelto ya. Bueno, pues a todos ellos decirles que este asunto lleva muchos años siendo criticado en las Facutades de Derecho y los juristas desde un primer momento han reclamado la derogación de tal discriminación en la Carta Magana.
Pero de eso nada se sabe y nadie habla. Es triste.